La actitud filosófica comienza cuando el ser humano se da cuenta de que todo
acontecimiento y todo ente no pueden ser explicados por sí mismos. Su presencia,
sin embargo, le asombra, le lleva al thaumázein, a la interrogación, en un intento
por captar sus destellos y devolverlos en interpretación o apretarlos en la malla de
su filosofar.
Este preguntar, que la filosofía hace extensivo a todo existente, en el exterior
o en el interior del ser humano, adquiere especial dramaticidad cuando preguntado
es el la relación entre el conocer y el obrar, la ciencia y la virtud-,
del cual tenemos una de las experiencias mis íntimas y a la vez más
trascendentes.
Estas consideraciones nacen de la interpretación de un mensaje particular: el
relato de Sócrates, en el Fedón de Platón.
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