La representación de la ejecución musical de la poesía vernacular como actividad
cortesana, o como ocio ejemplar de las clases instruidas o nobles, puede seguirse en
muchas instancias (incluida la literatura de ficción). Y aunque casi todas ellas están fuera del
discurso institucional sobre la música y la poesía, esto es, de las artes poéticas y de los
tratados musicales, permiten entender cabalmente la conformación social de las relaciones
entre las artes. En las páginas que siguen propongo una revisión irregular, no exhaustiva,
de libros sobre la educación de niños y niñas, de diálogos y manuales de cortesanía y de
algunas ficciones en prosa: procuran, sobre música y poesía, un punto de vista diverso, que
traza una historia cultural desde la periferia de las historias oficiales de la teoría musical y
literaria. Conviene, no obstante, comenzar con un texto clásico -el de la Política de
Aristóteles- cuyo recuerdo parece determinar insistentemente la percepción del lugar de la
música vocal e instrumental en el ocio cortesano, como uno de los deleites honestos de los
hombres instruidos y libres
La idea de la música como forma distintiva de ocio noble y honesto, feliz y
balsámico, recurre insistentemente, junto a los topoi de las laudes musicae, en las dedicatorias
de los libros de música a nobles y hombres principales. El caso de Alonso Mudarra puede
entenderse como representativo. Mudarra pone, en principio, sus Tres libros de música y cifra
para vihuela (1546) bajo la advocación de figuras clásicas, esto es, bajo la autoridad horaciana
y la representación de Mercurio con el caparazón de la tortuga, como legendario inventor
de instrumentos, y reúne apretadamente en los prólogos noticias y exempla de la Política de
Aristóteles, de las Tusculanas de Cicerón y de las Institutiones de Quintiliano, aderezadas con
anécdotas del De musica de Plutarco. En la carta nuncupatoria a Luis Zapata suma, a ese
despliegue anticuario, su precisa correspondencia moderna, recordando el ejercicio
aristocrático del canto acompañado en las casas de Diego Hurtado de Mendoza y de Íñigo
López. El libro octavo de la Política queda trasladado al presente, y son los casos
contemporáneos los que corroboran la conveniencia de la música para los hombres
excelentes e instruidos: la idea de "los griegos", que ponían "en los cantos de las bozes y el
sonido de las cuerdas la suma erudición", y el ejemplo de los capitanes antiguos, que se
preciaban de cantar y tañer, revive y se muestra de modo ejemplar en la casa de los Duques
del Infantado.
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